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Los padres no pueden esconder su responsabilidad ante casos de alcoholismo en menores

Manuel Chicote,  Jueves, 10 de Noviembre de 2016
Hablamos con Beatriz Corbí, doctora en Psicología y especialista en adicciones en adolescentes, que pone el acento en no buscar culpables sino en que la sociedad empiece a responsabilizarse.
Hay que enseñar a nuestros adolescentes a ser responsables de sus actos.

En las últimas fechas varios casos de menores relacionados con el alcohol han hecho saltar las alarmas en las sociedad española. Primero una niña de 12 años fallecía en Madrid a causa de un coma etílico tras un botellón. Días después dos menores de 12 y 13 años, en Galicia, eran ingresadas por el mismo motivo y actividad. Por eso consultamos a una psicóloga especialista para que nos dé su opinión y pautas ante este gravísimo problema.

 

Estos casos, tan poco espaciados en el tiempo y con conclusiones dramáticas en alguno de ellos, ponen el foco en varios aspectos: nos podemos preguntar si saben los padres lo que hacen sus hijos, por qué los adolescentes llegan a estas situaciones, cuáles son los elementos que pueden hacer saltar las alarmas o si la sociedad da respuestas adecuadas a la demanda de ocio de los adolescentes.

 

Beatriz Corbí, doctora en Psicología y especialista en adicciones en adolescentes, pone el acento en no buscar culpables sino en que la sociedad empiece a responsabilizarse. Advierte de que hay que enseñar a nuestros adolescentes a ser responsables de sus actos, a saber tomar decisiones, a afrontar los problemas con los primeros modelos que tiene el niño: sus padres. Señala que la primera misión es dar a sus hijos una “base segura” para que tengan las herramientas suficientes para hacer frente a las situaciones de riesgo: “Es necesario que den a sus hijos la protección, seguridad y cariño para forjar su autonomía y confianza”. No menos importante también son los modelos que representan los profesores en los institutos y colegios.


Síntomas y factores de riesgo

La especialista añade que el momento de la pubertad significa una ‘lucha interna’ en el joven que también se traduce en los padres. Es un tránsito para ambos y se requiere un tiempo para amoldarse. Corbí resalta que en ocasiones se ponen muchos límites y en otras se es muy permisivo; los dos extremos no son positivos. Es necesaria la experimentación y la rebeldía que presentan ante las normas. Para que esa experimentación que todo padre teme no se convierta en problemática la labor más importante es enseñar al adolescente herramientas eficaces frente a problemas que le pueden surgir (saber decir no ante los amigos, conocer y regular sus emociones, son algunos ejemplos).

 

La experta en adicciones en adolescentes añade que el primer modelo se encuentra en casa, a través de los padres y cómo ellos gestionan su relación con el alcohol, el tabaco o las emociones. Afirma tajante que la comunicación llega, pero la no verbal llega el doble.

 

Respecto a los síntomas que pueden hacer saltar las alarmas, resalta que hay que saber distinguir entre la naturaleza propia de rebeldía de todo púber y el posible hecho de un uso, abuso o adicción de sustancias.

 

Hay una parte normal del adolescente en pleno crecimiento y por ello se estima fundamental el acompañar al joven en su vida y decisiones, conocerle, saber cuándo está triste o cabreado. Sobre los aspectos a vigilar hay que tener en cuenta sus cambios bruscos, el no hablar con los padres, la rebeldía o aspectos como el dar portazos. El adolescente está viviendo un choque entre lo que le dicen los padres y lo que le cuentan los amigos; es una etapa que también hay que saber normalizar, pero desde la cercanía y el apoyo.


Sociedad sin respuestas

La especialista en adicciones en adolescentes Beatriz Corbí. (Foto: cedida)

Parte de las razones de que los menores beban están en los padres, pero también se encuentran respuestas en la sociedad. El ocio juvenil no está desarrollado en España y los adolescentes no cuentan con alternativas que estimulen su espontaneidad, imaginación, creatividad, donde se fomente el deporte o el trabajo de grupo. Estamos construyendo una sociedad muy individualista, asegura la doctora Corbí.

 

Una pauta clara para evaluar si hoy un padre o una madre quieren preguntarse ‘si lo están haciendo bien con su hijo’ tendrían que valorar 3 aspectos:

 

- ¿Conozco a mi hijo? Hacer cosas de manera conjunta es una de las mejores formas para compartir tiempo con la otra persona, poder conocerle, hacerla importante y aprender a aceptarla.

 

- ¿Sé escuchar? Los padres tienden a ser muy impositivos y rígidos. El discurso no se puede resumir en normas y obligaciones únicamente. No solo se puede comunicar a través de las palabras, el lenguaje no verbal nos está diciendo cómo se encuentra ese adolescente.

 

- ¿Evalúo mi comportamiento emocional? Los padres deben hacer una introspección para responderse a cuestiones de cómo manejan las emociones y si son un modelo sano para mis hijos. Para ello deben aceptar ciertas emociones desplacientes y no negarlas, suprimirlas o rechazarlas. Las estrategias para regular emociones son clave para no buscar caminos dañinos como aliviar el malestar bebiendo.


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COMENTARIOS (1)
 
1. Publicado por Maria C. el 15/11/2016 09:11
 
Es un tema muy difícil y creo que no siempre es culpa de los padres. Yo tengo 4 hijos. A pesar de haberlos educado igual, enseñándoles los peligros que pueden correr, teniendo una conversación fluida con todos ellos y participando de sus vidas, son muy diferentes, unos son más responsables, otros mas locos, uno más tímido, otro lanzado..... Una vez que están fuera de casa no sabes todo lo que hacen, y no te cuentan todo... Yo me acuerdo de cuando era joven y sabía decir NO pero muchas cosas que hice que mis padres no lo supieron nunca,,,,aunque no hice realmente ninguna locura. Los amigos que tienen, el ambiente en el que se mueven tiene mucho que ver en las locuras que hacen, y por mucho que les digas es muy difícil para los padres controlar todo eso. Tampoco los puedes encerrar en casa..... Es un tema muy muy complicado y los padres no nos vamos a la cama del todo tranquilos nunca.