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Así se reparte la herencia de una persona

Ana Amigo,  Miércoles, 15 de Marzo de 2017
Las cuestiones de herencia siempre han levantado ampollas hasta en las familias mejor avenidas. Que si quiero dejarle todo mi patrimonio a mi hijo favorito, que si al otro le amenazo con desheredarle, que si no tengo descendencia y mi piso va a ir a las hermanitas de la caridad… son situaciones que hemos oído en más de una ocasión, pero que a la hora de la verdad no son del todo así y el Código Civil deja bastante claro cómo se reparte la herencia de una persona.
A la hora del reparto, los hijos recibirán en concepto de legítima 2/3 de los bienes totales dejados en herencia.

¿Quién es nuestro heredero?

Lo primero que tenemos que tener muy claro es quién o quiénes son nuestros herederos. Al margen de aquellos herederos que queremos nombrar en nuestro testamento por razones particulares, existen una serie de ‘herederos forzosos’ definidos en el artículo 807 del Código Civil, y son tres que van en este orden:

 

- Los hijos y en caso de haber fallecido, sus hijos (nuestros nietos) sin que exista discriminación por el hecho de ser hijos biológicos o adoptados. falta de hijos, volveríamos la mirada hacia los ascendientes, los padres.

 

-  El viudo o viuda.


La legítima

Definidos nuestros herederos, el Código Civil también concreta en el art. 806 cómo se reparten los bienes, haciendo mención a la llamada ‘legítima’, que es la parte de los bienes de los que el testador no puede disponer libremente y que la Ley reserva a los herederos forzosos en distintas proporciones.

 

La cuestión es qué parte de la herencia forma parte de la legítima y cómo se reparte. Tratemos de aclararlo. Para empezar, tenemos que saber que una herencia se divide en tres partes: 

 

- La legítima, que se divide de nuevo en otras tres partes que corresponden a los herederos forzosos (hijos, padres, cónyuge).

 

- El tercio de mejora

 

- El tercio de libre disposición.

 

A la hora del reparto, los hijos recibirán en concepto de legítima 2/3 de los bienes totales dejados en herencia (normalmente reciben también el tercio de mejora y el de libre disposición, pero queda a voluntad del testador).

 

Los padres, sólo en el caso de no haber descendientes, recibirán como herencia legítima la mitad del haber hereditario. 

 

El viudo o viuda tendrá derecho en concepto de legítima al usufructo parcial sobre la herencia con independencia de la concurrencia o no de descendientes o ascendientes, y el cálculo de su parte se hará en función de la existencia o no de descendientes y ascendientes de la siguiente forma:

 

 - Si hay hijos comunes, la legítima del viudo o viuda consiste en el derecho a usufructo del tercio de mejora.

 

- Si los hijos son sólo del fallecido, el viudo o viuda podrá exigir que su derecho de usufructo le sea satisfecho, a elección de los hijos, asignándole un capital en dinero o un lote de bienes hereditarios.

 

-  Si no hay hijos, pero los padres del fallecido viven, la legítima correspondiente será el usufructo de la mitad de la herencia (la mitad para los padres del fallecido y la mitad para el viudo).

 

Hagamos números de una forma básica: un padre con hijos que tenga un patrimonio de 300.000 euros dejaría como legítima a sus hijos 2/3, es decir, 200.000 euros. Los padres no entrarían en este caso en la herencia y los 100.000 euros restantes formarían parte del tercio de mejora y del de libre disposición, en principio al 50%. De estos 100.000 euros habría que sacar la parte correspondiente al viudo o viudo si lo hubiere y la parte que el fallecido quiera repartir libremente.


Diferencias territoriales

Algunas comunidades autónomas tienen competencias para legislar el reparto de las herencias. Al margen del sistema general Cataluña, País Vasco, Navarra, Aragón, Galicia e Islas Baleares establecen fórmulas propias de reparto, de consideración de herederos forzosos o de cuantía de las legítimas.

 

Lo confirma la profesora titular del departamento de Derecho Civil de la Universidad de Málaga, Blanca Sillero Crovetto: “Consecuencia de la tradición histórica, existe en nuestro país una acusada diferencia o distintas soluciones en torno a la legítima. De ahí que en la historia y en la actualidad no hay correspondencia alguna entre el sistema legitimario del Código Civil, y el de los distintos Derechos forales. Aragón, Cataluña, Galicia, Islas Baleares, Navarra y País Vasco contemplan su propio sistema legitimario, pudiendo legislar de forma distinta a la prevista en el Código Civil”. Incluso nos sorprende saber que en comunidades como Baleares la legislación cambia de una isla a otra. “En esta Comunidad Autónoma, hay que significar que el sistema legitimario difiere según sea la vecindad insular del causante. Es distinto el régimen que se establece para Mallorca y Menorca del que se prevé para las Islas Pitiusas, Ibiza y Formentera. Difieren el tipo de legítima en uno y otro caso, así como también existen notables diferencia entre los sujetos que son legitimarios y el quantum de su derecho”

 

Por otro lado, con la mirada fuera de España, el hecho de pertenecer a la Unión Europea nos abre la puerta a acogernos a la legislación de otro país, por ejemplo Reino Unido, donde hay absoluta libertad para decidir a quién dejamos nuestra herencia. Con todo, la profesora Sillero matiza: “Hay que precisar, el Reglamento (UE) 650/2012 del Parlamento Europeo y del Consejo de 4 de julio, en materia de sucesiones mortis causa, supone la culminación de un largo proceso cuyo objetivo es facilitar la planificación y el éxito de las sucesiones transfronterizas, aplicable a partir del 17 de agosto de 2015 en casi todos los Estados Miembro de la Unión Europea, menos en Dinamarca, Reino Unido e Irlanda. Este instrumento será aplicable por las autoridades españolas a los fallecidos con posterioridad a dicha fecha y residieran habitualmente en España en el momento del fallecimiento. La regla general que debe observarse es que la ley aplicable a la sucesión será la del Estado en que el causante tuviera su residencia habitual en el momento del fallecimiento”. Dicho esto, cabe la posibilidad de vivir en determinado país si nuestro objetivo es decidir libremente el destino de nuestro patrimonio.


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